Fado y el Mar

O Fado nasceu no mar (…) por berço teve um navio… Estos versos, de uno de los mayores poetas populares del fado, reflejan un sentimiento al que tampoco escapan los poetas de los libros: O Fado nasceu um dia / Quando o vento mal bulia / E o céu o mar prolongava / Na amurada dum veleiro / No peito de um marinheiro / Que estando triste cantava… (José Régio, 1941).

Fue en el mar donde se escribió buena parte de la Historia de Portugal, extremo occidental de la península ibérica, condenado a navegar para ganar el pan y asegurar una difícil independencia. Ó mar salgado, quanto do teu sal / são lágrimas de Portugal!, exclamaba Fernando Pessoa.

La pesca y los viajes por mares nunca antes navegados pasaron factura: despedidas, separaciones, melancolía, saudade. Temas, todos ellos, que canta el fado.

Y, a ello, se suman, además, las circunstancias particulares del siglo XIX: la corte exiliada en Brasil para huir del ejército de Napoleón; la presión demográfica cuando casi se duplicó la población total del país; la nueva realidad de la navegación transatlántica a vapor, que permitió el desplazamiento de muchas más personas en menos tiempo; y los intercambios culturales y musicales que todo ello generó.

No es coincidencia que, ese mismo siglo, se afirmaran la canción napolitana, el tango y el fado. El fado es una de las músicas de las ciudades con puerto a las que se refería Ruben de Carvalho.

Hoy en día, el Festival de Fado se celebra en diecisiete ciudades de cuatro continentes.

Muchas de ellas ciudades con puerto. Unidas por el mar. Y, ahora, también por el fado.

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